jueves, 10 de abril de 2008

"Mientras uno va y viene por su ciudad natal se imagina que esas calles le son indiferentes, que esas ventanas, esos tejados y esas puertas no le interesan, que esas paredes le son extrañas, que esos árboles son como cualesquiera otros árboles, que esas casas en las que no entra son inútiles, que esos pavimentos por los que camina son simples piedras. Más tarde, cuando ya no se está allí, os dais cuenta de que amáis esas calles, de que esos tejados, esas ventanas y esas puertas os faltan, de que esas paredes os son necesarias, de que esos árboles son vuestros predilectos, de que en esas casas en las que no entrabais os introducíais todos los días y que en esos pavimentos habéis dejado parte de vuestras entrañas, vuestra sangre y vuestro corazón. Todos esos lugares que ya no se ven, que quizá no se volverá a ver y cuya imagen se conserva adquieren un encanto doloroso, los recordáis con la melancolía de una aparición (...) y se los ama y se los evoca tales como son, tales como eran, y uno se obstina en ello y no quiere cambiar nada, pues se atiene al rostro de la patria como al rostro de una madre."

Los Miserables
Segunda parte - Cosette
Libro quinto - Para caza negra, jauría muda
Capítulo I - Los zigzags de la estrategia

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