jueves, 17 de julio de 2008

De un momento a otro

Me dieron ganas de comer zapallitos rellenos. Y de cortarme el pelo. De cumplir con el-desafío-infantil-vas-a-ver-que-sí-puedo irme de campamento. También me dieron ganas de pintar algunas paredes, así como para descargar energías y hacer algo útil at the same time. Y una cosa más, que me re dio ganas, es volver a la playa igual que la última vez.

Antes, cuando iba a la facultad, me preparaba un té con leche, me cortaba una porción de bizcochuelo de vainilla aún tibio, ponía una silla al lado de la mía, acomodaba allí al gato (que, dos minutos más tarde, ya estaba en mis piernas y no en su silla), ordenaba todos mis lápices por color, llenaba varios vasos, buscaba varios pinceles y era el high point of my night. Siempre nos pedían un mínimo de 5 ideas, para definir un rector. Yo hacía cerca de 30. Todos pintados, y con notas, y hasta con propuesta textil. Una maniática peligrosa. Y me dieron tantas ganas de eso...

En otro orden de ganas, me asaltó la necesidad de estar con mi hermanito para su cumple. Andamos gestionando esa idea.

Y algo que ni yo podría prever: me dieron ganas de hacer algo por mí misma. No sé... como que estoy demasiado abandonada, muy arruinada. Y me siento vieja y más fea que de costumbre. Y mi piel, sin cuidados, es una mierda. Mi pelo no se queda atrás. Mi estado físico ya da lástima. Entonces me da una mezcla de pena y asco cuando me miro al espejo. Y creo que debería hacer algo al respecto.

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