sábado, 19 de julio de 2008

Welcome

La tarde que eligió my brand new love para regalarme Les Misérables, experimenté emociones encontradas. No, miento: en ese momento me encantó. La maquinaria empezó a funcionar un par de días más tarde.

Porque nunca fui de leer mucho. Entonces me dio miedo. Claro... me dio miedo no poder, no saber cómo, no disfrutarlo. Y como me dio miedo, lo dejé de lado.

¿Era una prueba, a ver si lograba leerlo? ¿Era un voto de confianza, sobreentendiendo que también iba a ser uno de mis favoritos? La duda me carcomía y seguía con mi miedo: al libro y a mí misma.

Un año más tarde, sin pensar, lo metí en la mochila. Leí esa dedicatoria por centésimo trigésima cuarta vez, y seguí. Y me atrapó. Y de a poquito, devoré más de mil cien páginas.

Alrededor de la página ochocientos, finalmente pregunté:


¿Por qué me regalaste ese libro?


"Esa pregunta puede interpretarse de dos formas -me dijo-, y para ambas tengo respuesta:

- ¿Por qué me regalaste ese libro?

Porque es una historia, ante todo, de amores enormes. Además, es uno de mis favoritos.

- ¿Por qué me regalaste ese libro?

Fue un regalo de bienvenida.
'Bienvenida a mi vida', te estaba diciendo."

Por supuesto: debería haber preguntado eso muchos meses antes, pero yo soy así y me callo.

Es larguísimo e hiper descriptivo (¡cómo me aburrí con Waterloo!). Está lleno de personajes e historias. Pesa más que mi gato y bien podría usarse para tirar por la cabeza a esos seres que no nos agradan (como los ladrones, los hippies y los ex). Una buena lluvia de gotas gorditas atentó contra la dedicatoria, desdibujándola.

Ahora, 1171 páginas, un centenar de viajes, revoltijo de emociones y apertura mental mediante, fijo mi vista en el último punto y suspiro.

Hoy ya se fue el miedo y sé que puedo leer eso y mucho más. Y disfrutarlo a lo grande.

Debería hacer justicia y decir que fue el mejor regalo de mi vida.

Nunca un regalo de bienvenida me había abierto tantas puertas.

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