viernes, 10 de julio de 2009

Surprise

-Llegué 20 minutos temprano. Te espero en la puerta.
-Ok. Yo llego puntual.
-Tengo miedo de no reconocerte!
-Ah, estoy hecha mierda...
-Yo estoy re viejo :(
-Uf, me imagino.


A las 16:30 del martes pasado nos encontramos con un abrazo tras nueve años de no vernos. Él está igual que siempre, pero más flaco y más gay.

-¿Tomamos algo acá?
-No, quiero ir a ese lugar que está en todos los shoppings, que hace unas tartitas re ricas.

Una mini tarta de frutas + una Coca Cola para él; un té + un tostado de jamón y queso para mí. Bandejita con servilletas que dicen "Alegría en tu corazón! ♥". Y sentémonos ahí, en los silloncitos.

"Están buenísimas estas tartas".

Anécdotas mutuas, recuerdos de esos años siniestros, consejos de amigas.

"No me gusta mucho la uva, ni el kiwi... y tiene poca crema pastelera. Además la masa está medio dura. Pero están buenísimas estas tartas".

Me he sorprendido a mí misma. Disfruté durante un par de horas con alguien de mi pasado. Hablé bastante (y escuché mucho, as usual). Me mostré como soy y tal cual estoy, y hasta me reí de mis propias desgracias: desde cuánto sufrí durante el secundario hasta las peores anécdotas del PH, pasando por las peleas con mi familia, las psicosis de mi ex, una muela en mal estado y los agujeritos de mi ropa.

Y hubo devolución: "la pasé genial".

Ok. Fui yo misma -sin fijarme en lo mal que luzco o en lo poco que tengo o en lo aburrida y poco interesante que soy o en la cadena de fracasos que es mi vida- y aún así a alguien hice pasar un buen rato.

Me he sorprendido a mí misma.

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