miércoles, 16 de noviembre de 2011

La otra Romina



Hay dos amigos hablando. Del partido del domingo, de los próximos exámenes de la escuela,
de un nuevo disco. Algo los interrumpe, y a la vida. Salud y enfermedad, cursos,
carreras y hobbies, nuevas empresas y algunos fracasos, matrimonios, hijos y perros,
navidades, vacaciones, miles de tazas de café. Miles de días.

Cuarenta años más tarde se reencuentran y "como te estaba diciendo..." *



En mi último viaje a Mar del Plata me reencontré con Ro, con la otra Romina**, con mi amiga del barrio, de la infancia, de la vida. Y esa magia de la amistad verdadera, ese no dar explicaciones por la distancia, esa certeza de que está todo bien aunque la vida nos pase por arriba y no nos tomemos el tiempo para ir a contárselo a la amiga del alma, "total ya nos vamos a ver, en algún momento". Decirle cuánto y por qué la quiero, recordar ese gesto que hace con la boca cuando se emociona y no quiere llorar, y arreglar para vernos en mi próximo viaje, aunque las dos sepamos que eso no va a ocurrir a corto plazo.


* El cuentito me lo contó mi sabón hace un par de años, "La verdadera amistad son dos amigos hablando, del partido del domingo (...)". No pude evitar recordarlo cuando la vi, y no logro olvidarlo, aunque haya pasado un mes.
** Así la identificaba mi familia para saber de cual de las dos estaban hablando, sobre todo porque nos encantaba hacernos las tontas y confundir a todos durante una conversación que involucrara a las dos.