sábado, 11 de agosto de 2012

Silent

Estoy un poco mejor.

Transcurrieron días y días sin hablar. Mi cura de silencio -como le digo cariñosamente- dio resultado y me encuentro más armónica que la semana pasada. Ayer festejamos el cumpleaños de mi secuaz y se me cayeron algunas demostraciones de cariño, le hice un par de regalos mediocres y cociné bastante; fue un buen día, fue una buena noche, tuvimos función, cenamos con amigos, hablé con varias personas, me reí, me emocioné. En el colectivo tuve un intercambio extraño y hermoso: yo iba parada con todos mis petates a cuestas, una chica que estaba sentada me ofreció que ponga la caja a sus pies, al resguardo de todos, luego se bajó quien iba a su lado y me senté, le convidé un pack de mini cupcakes, viajamos juntas un poco más y nos despedimos. Todo fueron miradas, gestos y sonrisas, no hubo una palabra, y lo sentí super natural y agradable. Actuar y comunicar con lo básico, sin esfuerzo. Hoy volví a estar en silencio todo el día y no logro explicar lo bien que me hace.

A veces pienso que mi cerebro funciona raro, otras veces me pregunto si no tendré un par de taras que nadie ha detectado. Hablar me consume muchos recursos. Conozco y tengo un buen uso de mi idioma, puedo armar frases coherentes, entiendo que ayuda a forjar relaciones y blablabla, pero a menudo me molesta y me resulta trabajoso. Supongo que mi timidez crónica aumenta mi amor por el silencio, pero no quiero echarle toda la culpa. La verdad es que no entiendo por qué me pasa esto, pero bueno, me pasa.

Y llegó el fin de semana. Me esperan 3 días de hablar más de la cuenta. Veremos cómo sigue todo esto.