domingo, 2 de septiembre de 2012

La pobreza se nota

El viernes después de media mañana llegaron mis papás, y se quedaron en la ciudad hasta el sábado a la tarde. Estos viajecitos de dos días se han vuelto la norma en los últimos tiempos, pero el de este fin de semana fue muy particular.

Lo primero que bajaron del auto fue una heladerita de camping llena de pescado sin espinas que pescó mi papá, dos lomos congelados, pollo, variedad de quesos y fiambres.

Una vez que guardé todo eso en el freezer, bajamos a buscar las cajas que traían en el baúl: una contenía artículos de farmacia, perfumería y limpieza de todo tipo, y otras dos estaban llenísimas de alimentos no perecederos, galletitas y golosinas.

También trajeron desde Mar del Plata regalitos de cumpleaños para D y del día del niño para mí. Además, fuimos a pasear y me compraron dos pares de zapatos, mi perfume (que se me había terminado) y ropa interior, y un par de zapatos para mi secuaz.

Al día siguiente llegaron cerca del mediodía porque íbamos a ir a almorzar los cuatro juntos, pero antes pasaron por Jumbo y llenaron varias bolsas con sábanas, lácteos, frutas, verduras y té.

Yo entiendo que sean mis papás y quieran verme bien, también entiendo que quieran compartir su buen pasar económico y hasta soy consciente de que muchas veces actúan movidos por la culpa, pero no puedo dejar de pensar en lo mal que me habrán visto las últimas veces como para darse cuenta de cuánto me estaban ayudando llenándome la heladera, el freezer, las alacenas, el lavadero, el botiquín y hasta el placard.

Por mi parte, si bien no encuentro forma de agradecerles, me da mucha tristeza y vergüenza que mi pobreza sea tan evidente.

Bueno, nada más. Sólo necesitaba descargar un poco.